“Sin el glifosato, muchos de nosotros tendríamos que abandonar nuestras plantaciones de naranjas”.

Pensar en Valencia es pensar en naranjas. Sin embargo, esa forma de vida se vería amenazada si se prohibiera el glifosato. José Luis Francés Escandey, de 46 años, agricultor de naranjas de Valencia (España), explica por qué.

 

Desde que era niño siempre me ha gustado la agricultura y el estilo de vida rural. Mi padre siempre plantó cultivos cítricos, así que seguí su estela. Ahora llevo siendo ingeniero agrícola 20 años y aconsejo a las granjas de varias partes de España y otros países. Pero lo que más me gusta es poner de mi parte. Tengo alrededor de 30 hectáreas de árboles principalmente frutales.

Los cultivos cítricos, y naranjas específicamente, son verdaderamente importantes para la sociedad valenciana y nuestra economía. Durante casi 100 años, los cultivos frutales en la región valenciana han representado un alto porcentaje de su producto interior bruto.

“No puedo pensar en un solo agricultor que quiera sacar beneficios a costa de la salud del consumidor final, ya sea alguien ajeno o de su propia familia”. José Luis Francés Escandey, agricultor de cítricos, España

Recuerdo cuando era niño y caminaba con mi padre y mi abuela por las granjas de la familia y me comía las primeras naranjas de la temporada. Eso era alrededor de 1975, cuando tenía cinco años. Estos recuerdos son para mí muy entrañables, forjaron mi carácter y en quien me convertí. Actualmente, sigo con esas tradiciones. Utilizo algunos de los métodos que mi padre me enseñó, y ahora le recuerdo en cada cosa que hago.

¿Por qué utilizo glifosato?

Las malas hierbas pueden ser un gran problema para nosotros. Son un problema para los árboles y absorben los fertilizantes que echamos en nuestros cultivos. También son un refugio para las plagas. Si no elimináramos las malas hierbas, las plagas pasarían más fácilmente a los cultivos y, como resultado, tendríamos que utilizar otros pesticidas.

Además de eso, si permitiéramos que las malas hierbas crecieran sin supervisión, tendríamos que aumentar el consumo de agua en un 10 %. El agua es un bien preciado aquí, necesitaríamos más irrigación, lo que afectaría a nuestros ingresos, sin contar con el problema del consumo innecesario de esta valiosa materia prima.

El glifosato es una herramienta clave de la que disponemos para controlar las malas hierbas. En un año normal, rociamos manualmente tres veces, directamente a las malas hierbas entre los árboles.

¿Cómo sé que los herbicidas son seguros?

Es tan simple como esto. No me gustaría que mis hijas se comieran una fruta en la que yo mismo no confiara al cien por cien. Por eso, cuando me como una de mis naranjas, sé que estoy comiéndome algo saludable. “No puedo pensar en un solo agricultor que quiera sacar beneficios a costa de la salud del consumidor final, ya sea alguien ajeno o de su propia familia”.

Estoy absolutamente convencido de que el glifosato no perjudica a nadie ni a nada excepto a las malas hierbas sobre las que lo rociamos. Ese es el motivo por el que, si una de mis hijas quiere comerse una naranja, yo mismo se la pelaría con todo mi cariño.

 

 

¿Qué pasaría si no tuviéramos glifosato?

Si no dispusiéramos de glifosato, tendríamos dos alternativas. Una es utilizar herbicidas de preemergencia, que entiendo que podrían ser peligrosos para el medio ambiente, y más caros. La otra opción sería labrar las granjas con maquinaria y arar el suelo de forma regular. Sin embargo, eso no es posible aquí, ya que las plantaciones típicas son de un tamaño medio de una hectárea, lo que significa que es poco espacio para las máquinas. Además, en la mayoría de los casos hay sistemas de irrigación, así que tenemos muchas barreras, vallas, canales, etc. por los que no puede pasar la maquinaria.

Sabiendo estos problemas, nuestras granjas funcionan con una productividad muy ajustada. Algunos años ganas dinero y otros años lo pierdes. Es simple: si nos obligan a aumentar los costes de producción, podríamos terminar abandonando todas nuestras plantaciones.