«La gente tiene que saber que prohibir el glifosato va a incrementar el precio de los alimentos»

Krzystof, agricultor polaco dedicado al cultivo de árboles frutales, nos explica por qué el control eficaz de las malas hierbas con glifosato le permite producir manzanas y cerezas de alta calidad en su explotación agrícola.

 

«Me llamo Krzystof y tengo 53 años. Cultivo manzanas y cerezas en el centro de Polonia, cerca de Varsovia. Fue mi abuelo quien, antes de la Segunda Guerra Mundial, empezó aquí con una huerta de manzanos y perales.

Yo nací en lo que ya era una familia de agricultores. Mi padre fue poco a poco abandonando la siembra de labranza y la cría de vacas o cerdos para centrarse exclusivamente en el cultivo de árboles frutales.

Mi padre era un agricultor nato, supongo. Entonces, el cultivo de árboles frutales no estaba tan desarrollado en nuestro país, y él aprendió de los profesores que lo promovieron en Polonia.

Cuando me hice cargo de la explotación en los años ochenta, introduje una serie de cambios. Uno de ellos fue la construcción de una cámara de almacenamiento refrigerada con una atmósfera controlada, y también pusimos en marcha un vivero para portainjertos importados. En nuestra explotación, ya habíamos empezado a utilizar el glifosato a principios de los ochenta.

«La gente debería saber que retirar el glifosato del mercado tendría un impacto muy negativo sobre el cultivo de la fruta.» Krzystof, agricultor polaco

Antes del glifosato, ya habíamos visto mejorar la situación en nuestra explotación tras la introducción de otros herbicidas, ya que podíamos dedicar más tiempo a cultivar manzanas y menos a combatir las malas hierbas. Solo con echar herbicida cada tres o cuatro semanas, las malas hierbas desaparecían.

Tras la introducción del glifosato, nuestra situación mejoró aún más. Ahora utilizamos glifosato en nuestra explotación y lo echamos dos veces al año. O, si un año en concreto crece más vegetación, volvemos a echarlo en otoño.

Las ventajas que aportó el glifosato nos permitieron contar con un recurso para luchar de manera eficaz contra las malas hierbas. Lo aplicamos alrededor de los árboles jóvenes y la base queda totalmente limpia; no hay rastro de malas hierbas. La siguiente vez que lo echemos será cuando las malas hierbas tengan una altura de unos cinco centímetros, cuando estén germinando.

 

 

He aprendido muchas cosas de mi padre, pero lo más importante para un agricultor es lo que nosotros llamamos «la puntualidad». En este negocio, no puedes dejar las cosas para luego. En una huerta, no puedes combatir las malas hierbas mañana. Si el momento de hacer algo es ahora, tienes que hacerlo; y si no hay nadie contigo, entonces tienes que queremos pase a la siguiente.

Solo tenemos una cosecha al año, así que tenemos que cuidarla. Este es el enfoque que queremos que pase a la siguiente generación. Tienen que aprender que no puedes dejar las cosas para luego, y que incluso una tarea sencilla como eliminar las malas hierbas no puede posponerse.

Otra cosa importante que me transmitió mi padre es el entusiasmo. La pasión de mi padre por el huerto es tan fuerte que, a pesar de su enfermedad y de casi no poder moverse por sus propios medios, el año pasado, cuando esta huerta estaba llena de cerezas y lo traje aquí para enseñársela, salió del coche de un salto como un chaval de dieciocho años. Se metió en la huerta hasta desaparecer y, cuando salió, ya no iba apoyado en el bastón. Solo la fuerza de una pasión puede conseguir esto.

En nuestras huertas, utilizamos el glifosato dos o tres veces por cosecha. En el cultivo de árboles frutales, se tiende a utilizar cantidades más pequeñas de las recomendadas. Solo fumigamos en las franjas de tierra donde crecen los árboles, pero no entre ellas, en las zonas en las que solo hay hierba.

Como cualquier otro producto para proteger las plantas, el glifosato debe utilizarse con cuidado, de manera racional y siguiendo las instrucciones de la etiqueta.

Yo mismo echo el glifosato la mayoría de las veces, aunque en ocasiones es uno de mis trabajadores quien lo hace. Cada dos años, estamos obligados a repetir los cursos de agroquímica. El certificado caduca y tienes que hacer otro curso. Tanto mi trabajador como yo asistimos a estos cursos, por lo que estamos convenientemente preparados.

Presto especial atención a si hay viento o no. Si hace viento, por poco que sea, no lo echo, ya que solo usamos el glifosato cuando hay calma total, para impedir que se disperse por el terreno. Lo hacemos porque, si no, entraría en contacto con los manzanos u otras plantas que son importantes para nosotros.

La presión del atomizador debe configurarse muy baja, para que no salga una niebla. Al contrario, lo que te interesa es que salgan pequeñas gotitas; de este modo consigues una aplicación eficaz y no se queman tus plantas.

La gente debería saber que retirar el glifosato del mercado tendría un impacto muy negativo sobre el cultivo de la fruta. Está claro que los costes de producción subirán al tener que emplear más tiempo y métodos que requieren más esfuerzo para el control de las malas hierbas. Cuando los costes de producción suben, los precios también suben en las tiendas, y la gente debe ser consciente de ello.

El uso de otros herbicidas requerirá un mayor número de aplicaciones, lo que resultará en una mayor contaminación ambiental. Para aquellos que cultivan árboles frutales, no existe una alternativa al glifosato, porque no hay otros productos que hagan lo mismo».