“El glifosato ha mejorado notablemente la calidad del suelo de mi granja agrícola”

El agricultor de labranza alemán Gerd Teichmann explica cómo el glifosato ha ayudado a reducir el consumo de diésel y la carga de trabajo de su granja agrícola en Baja Sajonia

 

Mi nombre es Gerd Teichmann y tengo 50 años. Vivo en Ballenhausen, justo a las afueras de Gottingen, Alemania, con mi esposa Christina y nuestros dos hijos. Llevamos nuestra granja agrícola junto con la ayuda de otra familia, los Vollmers, y tenemos en total 325 hectáreas.

Los padres de mi esposa compraron las tierras a principios de 1970 y nosotros la heredamos. Ambos crecimos con la agricultura presente en nuestras familias y el plan es que nuestro hijo de 17 años Gerd-Christian continúe trabajando en la granja agrícola cuando nos retiremos. En los años setenta, aún había algo de ganado aquí, pero hoy es exclusivamente una granja de cultivo.

En nuestra región, y en la mayoría de Baja Sajonia, el trigo es el cultivo principal. En nuestra granja cubre cerca del 40 % de las tierras. La remolacha abarca alrededor del 15 % y seguiremos ampliándola en el futuro. Durante el invierno, otro cultivo importante para nosotros es la colza. Hemos empezado a cultivar más cebada y durante los últimos 13 años también hemos cultivado habas. Estamos intentando diversificarnos, mediante una rotación de cultivos de tres campos, ya que necesitamos una tierra sana y la rotación de cultivos es una forma de asegurarnos de ello.

Erosión provocada por la labranza

En los viejos tiempos, en la granja de mis padres, solíamos trabajar como muchas otras granjas de aquí. Nuestra principal pieza de equipo era el arado. Recuerdo cuando teníamos problemas frecuentes con la grama, que solo podía eliminarse mecánicamente y con una tasa de éxito del 70-80 % solamente. En primavera y otoño, el arado también podía provocar erosión después de las fuertes precipitaciones. En los lotes más empinados, la lluvia se llevaba la tierra, que acababa en las acequias del campo y, desde ahí, teníamos que recuperarla nosotros o el ayuntamiento.

En la granja de mis padres, teníamos la mitad de la tierra que tenemos hoy, que era de alrededor de 160 hectáreas. Mi padre y dos aprendices ejercían la mano de obra. Necesitábamos a esos trabajadores para llevar una granja la mitad de grande de lo que tenemos hoy y a un nivel de productividad menor.

Recuerdo que en 1995 sufrimos unas lluvias torrenciales en primavera y otoño y aceptamos llevar a cabo un experimento y dividir nuestro lote más empinado en dos partes. Dividimos un campo de ocho hectáreas y aramos la mitad. En la otra mitad solo utilizamos un cultivador para arrancar las plantas y abonar las tierras. En invierno, nos dimos cuenta de que el área arada se erosionaba y la parte abonada se veía mucho mejor. Al siguiente año, decidimos cambiar completamente a un cultivo sin arado mediante un herbicida de glifosato.

“[Sin glifosato] la calidad del cultivo se vería afectada. Habría más semillas de maleza y humedad en la cosecha”. Agricultor de labranza alemán Gerd Teichmann

Las ventajas del glifosato

Antes de que cambiáramos al glifosato, nuestro sistema necesitaba un proceso de cinco pasos con maquinaria que incluía un arado, un cultivador y un rodillo compactador, y una combinación de la grada rotativa y la sembradora. Esto necesitaba alrededor de 100 litros de combustible diésel por hectárea.

Actualmente, solo tenemos un cultivador, y en ocasiones un rodillo, eso es todo. Como resultado, en toda nuestra tierra utilizamos, de media, 1,5 litros de glifosato por hectárea, con la capacidad de poder sembrar dos semanas después. Esto ha reducido nuestro consumo de diésel a 70 litros por hectárea. En 300 hectáreas eso significa una reducción general de 9000 litros de diésel al año y para nuestra granja sola.

 

Conservación de la vida silvestre

En primavera, a menudo veo cómo las alondras han construido sus nidos entre nuestras remolachas. También se ven conejos en los campos. Con la labranza mecánica, tendría que utilizar un cultivador entre surcos que destruiría los nidos de los pájaros y mataría a los conejos. Gracias al uso del herbicida de glifosato, la vida silvestre tanto encima como debajo de la tierra se vería menos afectada al no tener que labrarse de una forma tan intensa.

También estamos viendo más lombrices que nunca. Eso me dice que la tierra está viva. Gracias a sus diminutos túneles, las lombrices mejoran el drenaje del agua, reducen la erosión y mejoran la calidad de la tierra en general. La estructura y la fertilidad de nuestra tierra admite un gran rendimiento de cultivo. Tenemos que invertir en nuestra tierra para mantener su calidad para las generaciones futuras y no haríamos nada que dañase su calidad.

Las consecuencias de una prohibición

Si tuviéramos que volver a trabajar sin herbicidas de glifosato, significaría dar un enorme paso atrás hacia donde estábamos hace 30 años. El control de las malas hierbas tendría que realizarse con medios mecánicos solamente y todos los avances que hemos logrado desde entonces serían inútiles.

La calidad del cultivo se vería afectada. Habría más semillas de maleza y humedad en la cosecha, y con los estándares actuales, no podemos permitírnoslo. Es importante darse cuenta de que la gestión de plagas y las sustancias químicas pueden tener un impacto positivo y ecológico en el campo. Esto es algo en lo que creo rotundamente, ya que me paseo por mis campos a diario y puedo ver cómo las plantas crecen saludablemente. Espero realmente que la gente me crea. Eso es muy importante para mí.